Los cuentos de la Guarida V

13 09 2011

Aqui teneis otra entrega de los Cuentos de la Guarida. Una buena reflexión sobre lo que sabemos y lo que creemos saber.

Revelaciones

Julia se encuentra abatida. Se plantea seriamente el suicidio. La alternativa es asumir que se ha convertido en el tipo de persona que más desprecia: una beata. Hace pocos minutos que lo ha descubierto, y aún permanece allí plantada, sin poder moverse, sentada bajo una cruz invertida y con una Biblia negra en las manos.

¿Cómo puede haber llegado a este punto? Ella solamente quería alcanzar la cúspide de la mal. Durante más de treinta años, ha consagrado su vida a la adoración del Maligno, el intento de minar el poder de las fuerzas de la luz en pro del caos y la libertad. A los quince años empezó pintando cruces invertidas, leyendo lo que se le ponía delante y escuchando canciones de black metal, más tarde, en la universidad, se dedicó a profanar algunas tumbas y sacrificar animales pequeños, oficiando misas negras amateurs con aquel grupo de pirados. Las drogas psicodélicas y las orgías llegaron también en aquella época. Se recreaba imaginando la frustración y desesperación del Buen Dios, observando desde allá arriba como una simple mortal podía desafiarlo y destruir aquello que amaba. La sensación de poder que le provocaba era adictiva. Con el tiempo, sin embargo, el grupo se fue disgregando: unos lo dejaron en pro de vidas estables y convencionales, otros desaparecieron del mapa, muertos, detenidos o exiliados, y los demás subieron de nivel en sus prácticas, decantándose por el violento camino de la bestia.

Julia adoptó una filosofía vital diferente. Se mantenía apartada de las demás congregaciones y líneas de pensamiento: evitaba a los hedonistas de la Iglesia de Satán, los ilusos luciferistas, los románticos con ganas de hacerse los malos y esa pandilla heterogénea de locos, inadaptados, frustrados y alienados que lo único que buscaban era liberar su agresividad.

Continuó con las misas negras, las profanaciones de cadáveres (el trabajo en la morgue iba muy bien en este sentido) y ejerciendo y propagando el mal de manera sutil y a escondidas, pero convirtió su religión en algo más personal y solitario. Se consagró principalmente al estudio de Satanás, intentando llegar a él desde una vía más erudita. Del mismo modo que los escolásticos intentaban llegar a Dios a través del conocimiento, ella encontraría al Anticristo. Empezó por obras asequibles al alcance de todos, desde el Malleus maleficarum al Ars Goetia, desde Sade a John Dee o Aleister Crowley, pasando por toda una miríada de eruditos, historiadores, imitadores y fantasmillas. Con el tiempo, consiguió algunos manuscritos medievales, demonologías y alegorías con significados oscuros para aquellos iniciados capaces de descifrarlas.

Fue en un viaje a la deprimida Moldavia exsoviética donde consiguió una joya por la que cualquier satanista vendería su alma: se trataba de un viejo manuscrito medieval sin cubierta ni otra seña de identidad. Sólo sus avanzados conocimientos en demonología y codicología le permitieron identificarlo como el Libro de los Trece Salmos. Según la leyenda, en el siglo XIV el propio Príncipe de las Tinieblas le regaló el tomo, escrito por su propia mano, al alquimista milanés Carlo Di Brienza, como premio de la devoción que le profesaba. Cuando, siete años después, lo encontraron ahorcado de una viga de su casa, nadie fue capaz de dar con el misterioso grimorio. De esta manera escapó milagrosamente de las manos de la Inquisición y desapareció de la historia, convirtiéndose en leyenda. Se había escrito y especulado durante siglos sobre su existencia, estudiando las rarísimas y parcas referencias de otros autores. Y allí estaba ella, en un mercadillo de pueblo, sosteniéndolo con las manos temblorosas.

Después de regatear un rato pagó una miseria por él y volvió al hotel. El primer examen reveló que aquellos conocimientos no le serían tan sencillos de conseguir, pues se encontraban codificados entre alegorías y textos sin sentido, como toda la literatura hermética e iniciática. Al día siguiente suspendió lo que quedaba de viaje y tomó un vuelo a casa con el fin de iniciar un estudio en profundidad. Los códigos se resistieron, no podía ser de otra manera en una obra de tan excelsa autoría. Cada descubrimiento revelaba otro enigma, cada código, ocultaba otro en su seno. Como en una cebolla, debía quitar una capa tras otra, con paciencia y cuidado, para llegar al tesoro interior. Hicieron falta seis años de dedicación exclusiva y vida casi monástica para descifrar aquellos secretos.

Finalmente hoy, la Noche de San Juan, ha dibujado el pentagrama de sangre en el suelo. Con sal, ha dado forma a los diferentes signos cabalísticos y ha encendido los cirios hechos con grasa humana. Ha bailado desnuda la danza macabra, entre quemadores de incienso y serpientes vivas. Ha repetido la letanía mientras sacrificaba un macho cabrío negro y lo ofrecía en holocausto. Sabía que aquel era el momento por el que se había preparado durante toda una vida, la noche de las revelaciones. Pero poco sospechaba lo que ello acabaría implicando.

Casi se le ha parado el corazón cuando la atmósfera, cargada por el humo y el incienso, ha empezado a arremolinarse y adquirir forma sólida. Los ojos han sido lo primero en aparecer, seguidos de una silueta humana. Al poco tiempo contemplaba la encarnación del mismisimo Príncipe de las Tinieblas.

La verdad era que, a pesar del profundo respeto y veneración que le infundía, no ha podido evitar sentirse un poco decepcionada. Había imaginado algo más… grandioso. Medía poco más de un metro y medio, y vestía una túnica sencilla de color negro que contrastaba con la melena de color ceniza. La calva incipiente y las cejas blancas, junto con esa mirada cansada, le daban un aire frágil muy poco adecuado. Sin embargo, la emoción era demasiado grande para que eso la desalentara. ¡Aquello era obra suya! Había llegado más allá que la mayoría de satanistas. ¡Tenía ante sí a aquel que desafiaba al Altísimo! Sin duda, profanar la tierra con la presencia del que había sido expulsado era la peor blasfemia contra la obra de Dios. Temblando de miedo y emoción se ha lanzado a sus pies. ¿Como debía comportarse? ¿Preferiría que lo alabaran con sumisión? ¿O quizás querría disfrutar de su cuerpo? Poseerla con la lujuria desenfrenada por la que era conocido y despreciado por los puritanos. Se ha maldecido en silencio, su cuerpo ya no es tan joven ni voluptuoso. Debería haberlo pensado antes para ofrecerle unas vírgenes como presente.

La reacción de Satanás la ha sorprendido, alejándola de él con un empujón suave. Con un movimiento de los dedos la ha vestido con una túnica como la suya. Al ver el desconcierto en su mirada, una sonrisa venerable ha cruzado la cara del anciano, y con una voz cálida, muy diferente a la que había imaginado, ha dicho:

– Querida Julia, has tenido que recorrer un camino largo y difícil para llegar hasta aquí, pero tengo que avisarte: lo que encontrarás no es lo que esperabas.

– ¿Qué queréis decir, maestro? Estoy preparado para hacer lo que me diga, consideradme vuestra esclava, por peligrosa que sea la prueba a la que me deba someter.

– Hija mía, no soy quien crees. Sí, efectivamente soy el enemigo de Dios, eso es lo que significa Satanás. Pero debes saber que aquellas atribuciones que las religiones me dan no son del todo ciertas. – Julia ha levantado la cara, todavía embargada por el respeto, pero con menos miedo. Aquella voz era reconfortante y amable, no imaginaba algo así, pero rápidamente ha recordado que el Maligno es capaz de recurrir a muchos trucos para sus fechorías.

Como si fuera capaz de leer sus pensamientos, el anciano continuaba hablando:

– Sí, soy Satanás, pero no soy diabólico, ni retorcido, ni me complace el mal. Te cuesta entenderlo, ¿eh? – Sonreía – A todos os pasa lo mismo. Creo que el último que le dije no esperó a que las velas se apagaran antes de colgarse. Pobre diablo, no lo pudo asimilar, así que esta vez iré más cuidado. Al fin y al cabo no quiero que te pase nada malo.

– No os preocupeis, maestro. Podeis ser directo, sea lo que sea podré aguantarlo.

– Todo es una broma – Ha respondido Satanás con una sonrisa sin humor. – Yo podría haber sido un dios bondadoso y justo, pero no gané la guerra contra Lucifer, la perdí. Él encontraba que extender un reino de terror y maldad era rematadamente aburrido. Se consideraba suficientemente inteligente y sofisticado como para engañar a todo el mundo. Os animó a seguir unas reglas absurdas, que inevitablemente romperíais. ¡Cómo se ríe cuando os ve pecar y sentiros mal por cumplir con sus designios! Imagina cuando se le presenta alguien que, tras una vida de privaciones cree que ha ganado el cielo. Como puedes imaginar, se queda con un palmo de narices. Dios le dice que no ha hecho nada de lo que a él le place, y me lo envía a mí para que le atormente en los infiernos.

– Estáis diciendo que cada vez que corrompía un inocente, que animaba o obligaba a los demás a pecar…

– Los llevabas por el buen camino, efectivamente. Aquellos que te hayan hecho caso irán al cielo, como tú, por haber hecho feliz a Dios. Eres una buena mujer, si consideramos, como suele hacerse, que bueno es aquel que sigue la voluntad divina.

Han hablado un rato más, pero Julia casi no escuchaba. Toda una vida luchando contra el statu quo establecido, el orden superior a todos los demás. Como se había reído, durante años, de aquellos tontos que sentían la necesidad de agradar a Dios, de convertirse en seres patéticos víctimas de sus culpas. Verlos angustiados, desesperados por los pecados que consideraban imperdonables. Y ahora resultaba que había sido ella, quien había dedicado toda una vida de abnegada devoción, de trabajo pastoral, de catecismo. Ella había sido la puritana, la creyente fiel, la mano de Dios. Gracias a ella muchas almas irían al cielo. Y Dios estaría satisfecho.

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