Grandes momentos de cine.

19 04 2010

                Entre las cualidades del cine está la de fijar imágenes en la mente del espectador que jamás olvidará. Momentos cumbre como Darth Vader anunciándole a Luke Skywalker que es su padre, las imágenes de ET en que susodicho “bichillo” y el niño pasan con las bicis ante la luna, la famoso escena de baile bajo la lluvia de Cantando bajo la lluvia…etc, etc. Aquí me gustaría aportar los que son para mí, aparte de tendencias, modas e iconos, algunos de los momentos cinematográficos que más me han marcado.

                El principio de un film suele marcar la tónica general de la obra. Empezar impactando y dejando clavado al espectador en la butaca suele ser difícil, pero hay excelsos inicios que han marcado tendencia: El desembarco de Salvar al Soldado Ryan, la batalla de El Señor de los Anillos o la de Gladiator son ejemplos de grandiosidad, espectáculo y, en ocasiones, crudeza. Otras como la que nos regaló recientemente Tarantino en Malditos Bastardos o su más directo referente, el inicio de Hasta que llego su hora, son ejemplo de “crescendo dramático”. Indiana Jones y el arca Perdida son ejemplo de entretenimiento y aventura. Pero no son ninguna de ellas las que más me han impactado, sino la de Conan el Barbaro. Permitidme que os recuerde como empieza el film de John Milius. Tras una conversación entre un niño y su padre y unos créditos excelentes (donde se ilustra la forja de una espada) tiene lugar el verdadero inicio del film: la masacre de una aldea. La música de Basil Poledouris atronando al tiempo que somos testigos de la crudeza de los hechos no puede dejar indiferente a nadie. La muerte de los progenitores de Conan tampoco; como su padre muere asesinado por los perros, manchando de sangre la impoluta nieve, o como cercenan a su madre la cabeza mientras sostiene la mano del niño, me impactaron sobremanera.

                Los giros de guión que te desmontan toda la historia son difíciles de conseguir. En esta categoría hay uno por el que no tendríamos que discutir: el final de Sospechosos Habituales. No me gustaría destrozarle la peli a nadie, pero hay que decir que todo el film es una maravilla y este final de los mejores de la historia del cine. Uno más discutible, tal vez, es el giro de El club de la lucha… hay a quien le encanta y quien detesta esta película.

                Hablando de finales… conseguir un final redondo y que cumpla las expectativas, cerrando el film de manera muy eficiente es el punto más difícil de conseguir. Hay muchísimos finales geniales, pero yo me quedaría con dos que hielan la sangre. El primero es el de Dos hombres y un destino, cuando los dos protagonistas, interpretados por Robert Redford y Paul Newman están atrapados en un pueblecito rodeados por los agentes de la ley. Ignoran la cantidad de tropas que los tienen anclados, así que mientras recargan sus armas  vemos como un centenar de armas les apuntan. Cuando salen de su escondrijo disparando y gritando la imagen se congela en blanco y negro y solo podemos oír el tronar de las armas… brillante.

                El otro gran final, para mí, es del maestro Kubric. Concretamente el de Espartaco. La crueldad de ver a Espartaco, encarnado por Kirk Douglas, crucificado, junto a cientos de sus seguidores, mientras a sus pies su esposa le alza a su hijo diciéndole “es libre”… Se me ponen los pelos como escarpias.

                Conseguir personajes interesantes, dramáticos o alegres, cada uno en su categoría, pero con un magnetismo irresistible hasta el punto de identificar indudablemente a actor y personaje, convirtiéndolo en icono es una de las tareas más difíciles. Es inevitable hablar de Marlon Brando en el Padrino, de Harrison Ford y Indiana Jones… pero a veces son los secundarios o los rostros no populares los que te llaman la atención consiguiendo que un personaje, al parecer común, tengo gran fuerza. Estoy hablando por ejemplo de “Stampi”, el viejo ayudante del Sheriff en Rio Bravo. El carisma del actor, los diálogos del personaje… lo convierten en entrañable.

                Pero si hay una interpretación que me marco fue la de Mongomery Clift en De aquí a la eternidad, con su soldado, dramático, frágil y fuerte al mismo tiempo, errático, magnético… que acabará encontrando su trágico final en los sucesos que rodean el ataque japonés a Pearl Harbour. Una actuación de Oscar por decirlo de alguna manera.

                Hablando de muertes trágicas, hay dos que me chocaron muchísimo interpretadas por un mismo actor: John Wayne. La primera en Los Cowboys, que prefiero no revelar porque es uno de los puntos álgidos del film. La segunda en El Álamo, su controvertida película en que no solo actuó, sino también dirigió. A estas alturas no sorprende a nadie que diga que su personaje muere, pues todos los estadounidenses murieron en dicha masacre, pero ver al bueno de John Wayne, ensartado en una puerta por un lancero mejicano… buf, eso es mucho tomate. Además, por si no fuera poco, se desclava para acabar lanzando dramáticamente una antorcha al polvorín, añadiendo su ración de heroísmo al personaje.

                Hay quien no aguanta estos viejos films en que prima el heroísmo y la rectitud, sabiendo que la realidad fue totalmente otra (o al menos hoy en día es difícil creer en heroísmos y idealizaciones), pero para mí esa es, en parte, la magia del cine, pues es posible solo en un mundo de celuloide, personajes tan honorables y correctos. Escribo estas últimas palabras pensando en El día más largo, cine bélico que retrata un día D descafeinado en comparación con Salvar al soldado Ryan antes mentado, aunque con cierto encanto.

                Llegar a un clímax que dispare la emoción y la tensión sin caer en tópicos no carece de dificultades. Uno de los que más me sorprendió en los últimos años fue el de Promesas del este, cruda película interpretada brillantemente por Viggo Mortensen. Dicho clímax es una pelea, cuerpo a cuerpo, con un Mortensen desnudo y desarmado, en una sauna que hace palidecer comparaciones. Bueno, escrito así parece “muy gay” el asunto, pero os garantizo que es brillante.

                Recuperando el tono más serio, para mí, el gran clímax de la historia del cine, es, sin lugar a duda, para la mítica carrera de cuadrigas de Ben-hur. Que tantísimos años después, se pueda ver sin perder ni ápice de tensión es más que remarcable.

                Un momento memorable, puede ser por ejemplo, una pelea. Personalmente me ha sobrecogido siempre la pelea de Harrison Ford como Indy en “Raiders of the lost arc”, la primera de la saga vamos, donde pelea contra un naci enorme debajo de un avión donde se halla atrapada su compañera al tiempo que esta dispara a un convoy de nazis inflamando por ende la gasolina que puede hacer que estalle el mismo avión y… me he quedado sin aire, que frase más larga sin una sola coma. El final de la misma pelea también pone los pelillos de punta, cuando el gigantón es atrapado por las hélices.

                Un gran film sin un gran villano es como ir a un concierto de Metallica y que pongan el volumen al mínimo…no es Metallica. Aquí la categoría se llena de actuaciones notables: Mesala en Ben-hur, Henry Fonda en Hasta que llego su hora, Robert Patrick en Terminator 2, Hans Landa en Malditos Bastardos (perdonadme por ser tan pesado con esta película), Gary Oldman en Drácula…  y un largo etc.

                Bueno, podríamos hablar infinitamente de grandes momentos del cine, pero hay que parar en algún momento. Obviamente me encantaría que compartierais vuestros grandes momentos con el resto de lectores de la Guarida.   

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2 responses

19 04 2010
Alex

Sé que es un topicazo como una casa, pero la verdad es que fue impactante el final del Sexto Sentido, al menos para mí. Me gustó mucho también el final de Confidence, una muy buena película.

20 04 2010
Kuranes

A mi també m’agradaria remarcar una escena generalemnt oblidada i que per a mi és una de les més emotives de la nissaga Star Wars.

Supòs que sempre és eclipsada, quan un pensa en Star Wars, per la gran escena de Darth Vader i Luke, però per a mi, quan Luke incinera l’armadura del seu pare a el Retorno del Jedi, és un moment d’allò més memorable. La llum, el ‘tempo’, i especialment la música son immillorables, i és la seva combinació, així com el contrast amb la resta de la flota que celebra la victoria, el que m’emociona cada vegada que la veig.

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