Blanco y negro (1 de 10)

8 07 2009

            Me movía incómodo tras el volante de mi Mustang del 47. La sinuosidad de las luces reflejadas sobre el capó, los neones de colores refulgiendo mientras avanzaba por la avenida y la lluvia que golpeaba el parabrisas, eran los únicos testigos del viaje que me veía obligado a emprender. Volvía a ser un juguete del destino. Ella seguía siendo la causa de todo.

            Antes de volver a verla debía realizar una parada. Me detuve a un lado de la carretera, bajo un cartel en mal estado que anunciaba bebidas alcohólicas movido de un lado a otro debido a la tempestad. Una mala noche para salir. Bajé del coche y con paso tranquilo me dirigí a la entrada del tugurio que tenía enfrente. Notaba la lluvia congelada que me corría por la espalda a pesar del largo abrigo. Las alas del sombrero cedían con el peso del agua. ¿Como había terminado allí?

            No hacía ni una semana que había recibido la visita de Jócelin. Era una chica delgada y frágil, de sonrisa cálida y unos ojos que denotaban el tipo de vida que llevaba. Me sorprendió que me hubiera encontrado. Cuando la conocí yo no era más que un cadete de policía, con aspiraciones, por supuesto, pero que cometió el error de ser honesto en una ciudad donde se comerciaba con el pecado. Ahora trabajaba para una triste agencia de seguros como detective, investigando casos de fraude… en fin, todos tenemos derecho a vivir. Pero verla… me devolvió a aquellos años, casi diez más atrás.

            Por aquella época conocí a Ivy. Era una prostituta del West End, la mujer más atractiva y triste que he visto nunca. Como suele suceder con todos los imbéciles me enamoré. Cuando ella comprendió que con un joven honrado y pobre como una rata no llegaría a ningún sitio, no lo dudo, me dejó por un boxeador en auge que se hacía llamar Rawhide. El manager de aquella mala bestia contrató un par de matones para asegurarse de que yo no molestaba a su joven pupilo.

            Terminé sin chica, sin trabajo y con muchos huesos rotos. Jócelin, antigua compañera de piso de Ivy, se apiadó de mi y me cuidó durante una temporada. De aquello hacía toda una vida.

 

                                                                                                                      CONTINUARÁ

           

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